Capítulo 7: Felino (NARRACIÓN DE ASTER) Ya era bastante tarde. Kahtha miró la hora en su móvil y se levantó del sofá. —Creo que debería irme ya a casa. —Sí, se ha hecho bastante tarde —dijo Luz. Kahtha se despidió de nosotras y salió por la puerta. Cuando se fue, la casa quedó mucho más tranquila. Luz volvió al sofá y encendió la televisión. —¿Vemos una película un rato? Asentí y me senté junto a ella. Al principio estaba prestando atención a la película, pero poco a poco empecé a sentir sueño. Sin pensarlo demasiado, me acomodé encima de Luz y apoyé la cabeza sobre ella. —¿Estás cómoda? —preguntó Luz. —Mucho... Entonces empecé a ronronear. No sabía exactamente por qué lo hacía. Simplemente me salía solo. Era una sensación extraña, pero agradable. Luz empezó a acariciarme la cabeza, pasando suavemente la mano por mi cabello esponjoso y rizado. El ronroneo se hizo más fuerte. —Parece que te gusta —dijo Luz. —Mmm... Seguí acomodándome mientras ella continuaba acariciándome. Cada vez me sentía más tranquila. Mis orejas se movían de vez en cuando siguiendo los sonidos de la película y mi cola se había acomodado alrededor del sofá. Después de unos minutos, mis manos empezaron a moverse lentamente sobre el cojín, como si estuviera amasándolo. Luz soltó una pequeña risa. —Definitivamente tienes comportamientos de gato. Abrí un ojo. —No soy un gato... —Ya lo sé. Volví a cerrar los ojos. —Solo tengo algunas cosas de gato. —Algunas —repitió Luz, riéndose. Continué ronroneando. Por un momento pensé en todo lo que había cambiado desde que apareció el parásito. La cola, el hambre, mis nuevos instintos, la forma en la que me movía... Todo parecía diferente. Pero había algo que seguía exactamente igual. Yo seguía siendo yo. Podía tener una cola enorme y comportarme como un gato algunas veces, pero seguía teniendo mis recuerdos, mis pensamientos y mi propia personalidad. Me acomodé un poco más cerca de Luz. —Gracias por quedarte conmigo. Luz sonrió y siguió acariciándome la cabeza. —Siempre. Mi cola se movió lentamente y terminó acomodándose junto a nosotras. Cerré los ojos. El ronroneo volvió a hacerse más fuerte mientras seguíamos viendo la película. Quizá todavía no sabía qué iba a pasar conmigo. Pero al menos ya no sentía que tuviera que descubrirlo sola.