Capítulo 6: Instintos (Parte 2) (NARRACIÓN DE ASTER) Después de lo de la empanadilla, me quedé un rato descansando en el sillón. La cola seguía detrás de mí, moviéndose de vez en cuando, aunque intentaba mantenerla quieta porque todavía me dolía la zona donde me la había pillado con la puerta. Kahtha estaba sentada enfrente de mí mientras hablaba con Luz. Yo simplemente las observaba. De repente me dieron ganas de estirarme. Sin pensarlo, apoyé las manos en el suelo y estiré todo el cuerpo hacia delante, como había visto hacer a los gatos. Kahtha me miró. —¿Qué estás haciendo? —No lo sé... me ha salido solo. Luz se rio un poco. —Cada vez tienes más comportamientos de gato. —¿Como cuáles? —Te estiras como ellos, sigues las cosas con la mirada y últimamente hasta mueves las orejas cuando escuchas algo. Me llevé una mano a una de ellas. —¿Mis orejas también? —Sí. —Genial. Primero la cola, después el hambre y ahora las orejas. Kahtha pasó cerca de mí y, sin darme cuenta, seguí sus movimientos con la mirada. Incluso giré un poco la cabeza mientras caminaba. —¿Ves? —dijo Luz. —¡No lo hago aposta! Entonces mi estómago rugió. Las dos se quedaron mirándome. —...Eso sí que no lo he hecho aposta. Kahtha se rio. —Tienes hambre otra vez. Mi estómago volvió a rugir. —Vale. Mucha. De repente empecé a notar olores que antes ni siquiera habría distinguido. Podía notar perfectamente cuándo había comida cerca, aunque estuviera en otra habitación. Me quedé mirando hacia la cocina. —¿Qué pasa? —preguntó Luz. —Hay comida. —¿Cómo lo sabes? No tuve tiempo de responder. Luz se levantó y fue hacia la cocina. Yo la seguí con la mirada. Entonces abrió el microondas. Sacó un tupper. El olor llegó hasta mí. Pasta carbonara. Mis pupilas se dilataron. —... No pude contenerme. Me puse a cuatro patas y salí corriendo hacia la cocina. —¡ASTER!— gritó Luz. Llegué hasta una silla y, sin detenerme, salté encima de ella. Me quedé sentada sobre el asiento mirando fijamente el tupper. Luz se quedó mirándome. Kahtha apareció detrás. —¿Acaba de correr a cuatro patas hasta aquí? —Sí —respondió Luz. Yo seguía mirando la pasta. —Huele demasiado bien... La cola se movió detrás de mí, aunque inmediatamente hice una mueca por el dolor. —Auch... Luz se sentó con el tupper y empezó a comer. Yo me quedé esperando. Tenía muchísima hambre, pero no quería quitarle la comida. —Puedes comer tú primero —dije. Luz me miró sorprendida. —¿Segura? Asentí. —Sí. Kahtha se sentó también. Entonces la miré. Recordé lo de la empanadilla. Mi cola y yo prácticamente le habíamos robado la comida de las manos. —Tú también puedes comer. Kahtha levantó una ceja. —¿Después de que tú y tu cola me quitarais la empanadilla? —Precisamente por eso. Kahtha empezó a reírse. —Vale, trato hecho. Luz terminó su primer bocado y me pasó el tupper. Por fin pude comer. La carbonara estaba buenísima. Kahtha también compartió con nosotras, y durante unos minutos simplemente nos quedamos las tres comiendo tranquilamente. Yo seguía teniendo bastante hambre, pero al menos ya no sentía que necesitara lanzarme sobre cualquier cosa que oliera a comida. Miré de reojo a mi cola. Ella también parecía bastante satisfecha. —Bueno... —dije—. Supongo que tendremos que aprender a convivir. La cola abrió un poco la boca. —Sí, tú también. Kahtha se rio. —Creo que vas a tener que aprender muchas cosas nuevas. Suspiré. —Sí... creo que sí.